Rev. Fac. Agron. (Maracay) 19:1-8. 1993.
Trabajo invitado en ocasión de los 40 años de la Revista de la Facultad de Agronomía.
Key words: phytopathogenic bacteria, Venezuela.
Palabras clave: bacterias fitopatógenas, Venezuela.
El surgimiento de la fitobacteriología como disciplina científica, va a tener lugar en los Estados Unidos de Norteamérica a finales del siglo XIX, el profesor Burrill de la Universidad de Illinois en 1874 realizó inoculaciones con exudado bacteriano proveniente de plantas de pera (Smith 1920) a plantas sanas, logrando transmitir la enfermedad conocida como quemazón del peral, observó el patógeno al microscopio óptico y determinó que era una bacteria a la cual denominó Bacillus amilovorus, esta investigación atrajo la atención de otros investigadores, debido a la presión ejercida por los agricultores, los graves daños en los cultivos de pera y manzana, de ese modo Arthur en 1882 (Smith 1920) repitió el trabajo de Burrill y utilizó el sistema de vaciado de placas, cultivando y aislando el organismo causal demostrando que las bacterias estaban relacionadas con la enfermedad, eran tiempos cercanos a la demostración de que estas causaban enfermedades en animales y humanos. Podríamos señalar que el conocimiento de las bacterias como patógenos de plantas comienza simultáneamente con el conocimiento de las mismas como patógenos de animales y humanos, y que son los fitopatólogos americanos los que dan inicio al desarrollo de esta disciplina.
En 1893 comienza el trabajo de Erwin Smith, el cual fue el líder indiscutible de esta disciplina en los comienzos de la misma, trabajó para el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos de Norte América por algo más de 30 años (Elliot 1951). Smith fue egresado de la Michigan State University, y en ella realizó su doctorado, trabajando en la enfermedad conocida como "amarillamiento del durazno." El trabajo con esta enfermedad lo ganó definitivamente para lo que sería su vida "Las bacterias fitopatógenas." Del vasto trabajo realizado por este investigador podría tomarse como muestra: la bacteria causante del marchitamiento del tomate hoy conocida como Clavibacter michiganense, la bacteria causante de la marchitez del pepino Erwinia tracheipila, la bacteria que produce tumores y agallas de corona Agrobacterium tumefasciens, la que produce la quemazón bacteriana de la caraota Xanthomonas campestris pv. phaseoli; la bacteriosis rayada del sorgo Pseudomonas antropogonis, etc.; esta pequeña selección enfermedad- patógeno es suficiente para demostrar su trabajo pionero en todos los géneros de bacterias relacionadas con enfermedades de plantas.
Es indudable que Erwin Smith establece con bases muy sólidas el área de las bacterias fitopatógenas; después le han sucedido un gran número de investigadores Elliot (1951 ); Stapp (1961); Israilki (1951); Dowson (1949); Starr (1981). No encontramos en nuestro tiempo niguna Universidad Europea, Norteamericana, Canadiense o de cualquier país desarrollado donde exista un departamento de fitopatología, en la cual no se ofrezcan cursos de bacterias fitopatógenas, y exista personal solo dedicado a esta área del conocimiento, debido al reconocimiento de la gran importancia desde el punto de vista económico del control de las enfermedades que producen, para el aprovechamiento de gran número de cultivos, igualmente los Departamentos de Agricultura o equivalente de estos países, tienen personal dedicado a esta área de trabajo. La disciplina se ha desarrollado tanto en nuestros días, que se ha subdividido en numerosas áreas de trabajo.
Muy temprano la ciencia médica desarrolla el campo de la Bacteriología en nuestro país, con la fundación de la Cátedra de Bacteriología a cargo del Dr. José Gregorio Hernández (Vélez, 1968a) en el año 1891, siendo ésta la primera Cátedra de Bacteriología fundada en América, contando su laboratorio con todos los adelantos y equipos del momento, traídos por su fundador desde París al final de su postgrado en dicha disciplina, sin embargo esta influencia no llega hasta los trabajadores de enfermedades de plantas y nos encontramos que es muy poco lo que se conocía sobre bacterias fitopatógenas antes del año 1950. Merecen mención los trabajos de Müller (1941) científico alemán, el cual realizó un extenso recorrido por diferentes zonas del país, observando los problemas fitopatológicos de los cultivos, señalando que entre 1939-1941, existían una serie de enfermedades bacterianas en cultivos, como: algodón, bananos, papa, pimentón, soya y tomate, estos señalamientos sólo consistían en descripciones de síntomas observados en el campo, que se asociaban con enfermedades producidas por patógenos bacterianos, descritas en otros países. Sin embargo el trabajo de Müller refleja lo importante de estas enfermedades, para la agricultura de la época.
En la década de 1950-1960 la información continúa siendo escasa, limitándose a notas muchas veces confusas, destaca en este contexto el profesor Rodríguez Landaeta (1953), quien señala la presencia de la podredumbre negra del repollo Xanthomonas campestris (Se cita patógeno como señalado originalmente. El profesor Rodríguez Landaeta fue el fundador de la Cátedra de Fitopatología de la Facultad de Agronomía, U.C.V. El edificio sede de Fitopatología (Botánica, Agronomía) lleva su nombre.) (Pammel) y de una enfermedad en plantaciones de tabaco causada por Pseudomonas angulata (Fronme y Murray) Holland. Es importante destacar que a pesar de ser trabajos descriptivos, éstos son de un valor excepcional, el autor utiliza la nomenclatura más avanzada de la época, y nos lega datos acerca de las cuantiosas pérdidas económicas ocasionadas por estas enfermedades, tales patógenos son conocidos en nuestros días como Xanthomonas campestris pv. campestris y Pseudomonas syringae pv. tabaci.
La enfermedad más citada en este período, lo va a constituir el hereque del banano causado por Ps. solanacearum. También son citadas otras enfermedades que aún son importantes por los problemas económicos que causan, pero que sin embargo actualmente no existe mucho conocimiento o familiaridad de los técnicos con las mismas, ellas son: podredumbre anular de la papa, (Rodríguez Landaeta, 1958); la mancha angular del algodón, (Rodríguez Landaeta, 1952); la quemazón bacteriana de la caraota, (Pontis Videla, 1954).
En la década 1960-1970 se mantiene la misma situación en relación con la investigación de enfermedades bacterianas de plantas cultivadas, continúa siendo problemático el efecto de las mismas en los cultivos de bananos y de la papa. Por la información presentada a través de Cartas del M.A.C.(1958) (1963), Thurston, D. H.(1965) se desprende que en papa en los problemas bacterianos estaban al menos presentes dos enfermedades: la pudrición de la papa causada por Erwinia carotovora y el anillo necrótico de la papa causada por Corynebacterium sepedonicum.
La situación del período anterior se va mantener durante 1960- 1970, en el cual como hemos ya señalado, la información fue escasa y sólo descriptiva. Se puede ubicar con exactitud el nacimiento como área de trabajo en el período 1970-1980, teniendo como su centro el Fondo de Investigaciones Agropecuarias en Maracay, conocido en ese entonces como Centro de Investigaciones Agrícolas, y como su principal impulsor un joven muy entusiasta para esa época de nombre Carlos Díaz Polanco, que junto con A. Ordosgoitti, J. Caminos (José Miguel Caminos, actualmente miembro del personal docente y de Investigación, Universidad Lisandro Alvarado, Barquisimeto.) y otros, comienzan trabajos serios en esta disciplina. Ellos promueven la formación de un laboratorio dedicado sólo a este fin, y va a ser J. Caminos el primer investigador a tiempo completo dedicado al estudio de las bacterias fitopatógenas, de ese período nos queda trabajos como: la bacteriosis de la pulpa del mango, (Díaz Polanco et al., 1971), la quemazón bacteriana de la caraota en asociación con Macrophomina phaseoli, (Díaz Polanco, 1971), la pústula bacteriana de la soya (Díaz Polanco, 1976), enfermedad bacteriana en apio, (Caminos y Díaz Polanco, 1972); la pudrición acuosa del pseudo tallo del banano, (Ordosgoitti, 1974), estos trabajos seleccionados como ejemplo de lo sucedido en este período, fueron realizados en forma más rigurosa y con los requisitos de una disciplina experimental.
Estos pioneros de esta disciplina, revisaron todo lo publicado al respecto para la época, encontrándose para principios de 1971 muy pocas citas e información sobre el tema (Ordosgoitti, Márquez y Garcés, 1971 (Excelentes revisiones bibliográficas de lo publicado en relación a enfermedades de plantas.)) Situación que mejoró un poco para 1980 (Díaz Polanco y Salas de Díaz, 1980)**. Las publicaciones anteriores son de extrema importancia ya que agrupan toda la bibliografía existente en las diferentes áreas fitopatológicas producidas en Venezuela, sin embargo al contrastar las diferentes disciplinas, se nota el poco desarrollo para esos momentos del área de bacterias fitopatógenas.
Otro mérito de Díaz Polanco fue el de promocionar el Postgrado en Fitopatología en la Facultad de Agronomía de la Universidad Centro Occidental Lisandro Alvarado, una de las materias que se dicta en ese postgrado es "bacterias fitopatógenas", dirigida por el profesor Caminos desde el año 1980.
En el presente existen tres laboratorios que trabajan con bacterias fitopátogenas en Venezuela, el del FONAIAP ( Maracay ) ya mencionado anteriormente, el del postgrado en Fitopatología de la Universidad Centro Occidental Lisandro Alvarado (Barquisimeto), y el más reciente, fundado en 1980 perteneciente al Instituto de Botánica de la Facultad de Agronomía, Universidad Central de Venezuela ( Maracay) y desde 1986 se dicta la asignatura en el Postgrado de esta universidad, en la mención Protección Vegetal y ya han egresado con título de Postgrado, con preparación y destreza en la citada disciplina mediante la experiencia adquirida en sus respectivas tesis, unos 10 profesionales, que actualmente laboran en diferentes áreas del campo agrícola, algunos directamente en el área de enfermedades de plantas (Trujillo, 1989).
La producción de información generada en relación con bacterias fitopatógenas en los últimos años (1980-1991), es muy superior a la obtenida desde 1900-1979, lo cual puede constatarse en artículos científicos publicados, y en presentaciones en eventos científicos; como consecuecia de lo anterior, casi se ha duplicado en este período el número de enfermedades bacterianas conocidas en el país.
Una mejor comprensión de lo expuesto se puede obtener con la revisión de los trabajos expuestos en los diferentes Congresos de Fitopatología y lo recopilado y publicado por Trujillo (1981; 1983; 1987; 1991), Trujillo y Sanabria de Albarracín (1985), Trujillo et al. (1989), donde se denota un aumento creciente y sostenido de la actividad en el área de investigación de bacterias fitopatógenas, sumándose a las enfermedades bacterianas conocidas, enfermedades de leguminosas como la caraota, frijol, tapiramo, soya, canavalia, gramíneas como sorgo y maíz, otras como: fresa, caña de azúcar, ornamentales varias, lechuga, cebolla, tomate, papa, batata, mapuey, etc.
Podríamos concluir esta evaluación señalando que el área de estudio de las bacterias fitopatógenas aún está en desventaja en relación a lo que se realiza en los países desarrollados, pero en el período 1980-1991, esta disciplina se ha afianzado y ha comenzado a preparar los recursos humanos que se encargarán de mantenerla en los tiempos futuros, eliminando así el vacío de conocimiento e información existente en el país.