Agronomía Tropical. 10(1-4): 520-521

El 6 de enero de 1978 falleció en Maracay el Ingeniero Agrónomo Salomón Horovitz Yarcho, pionero de la enseñanza e investigación genética en Argentina y entusiasta fomentador y motivador de esta disciplina en Venezuela.
Sus investigaciones han versado principalmente sobre maíz y especies silvestres y cultivadas de especies del género Carica, especialmente la lechosa (C. Papaya).
Fue autor de numerosas publicaciones científicas tales como las que se ocupan de un híbrido constante de trigo x centeno, herencia de la resistencia a la langosta en el maíz amargo, el gen su y el aumento de azúcar en el grano del maíz, la determinación del sexo en el mamón (Melicoca bijuga), estudios de cruzabilidad en especies de Carica y determinación de las formas sexuales; herencia de resistencia al virus de la mancha anular en algunas especies de Carica, etc.
Pero su mayor contribución al campo agronómico ha sido su notable cualidad para motivar y atraer hacia la investigación a estudiantes y jóvenes profesionales a los que infundía una gran mística por los estudios y trabajos genéticos. Su rectitud, razonamiento brillante, sencillez y generosidad científica, unidos a su sólida preparación en genética y sistemática, hicieron de su imagen un foco de emulación y consejo para muchos ingenieros agrónomos, a los cuales no podemos ponerles nacionalidad porque esta fecunda influencia la ejerció igualmente en Argentina y en Venezuela. Esto fue así no sólo para los estudios genéticos sino también para otras disciplinas hacia las cuales impulsó a numerosos jóvenes que se han destacado luego en diferentes campos de la investigación agrícola.
Los que han tenido la oportunidad de estar cerca de él durante largos años, han comprobado que estaba dotado de una mente no rutinaria, la cual no se conformaba con buscarle solución a un problema y así no descansaba hasta encontrar explicación de fondo de los asuntos que despertaban su interés.
La labor que desarrolló es mucho más amplia y profunda de la que pueda documentarse a través de las publicaciones de él y de sus discípulos y colaboradores.
El ingeniero Horovitz no era muy dado a escribir más de lo que él consideraba necesario; este rasgo de carácter nos ilumina otros aspectos de su personalidad, no tenía las aspiraciones corrientes o rutinarias, sino más bien una permanente urgencia o inquietud intelectual.
Su curiosidad no le permitía detenerse en un problema una vez que hubiera encontrado el camino para resolverlo. Por eso muchas contribuciones importantes del ingeniero Horovitz no están documentadas en publicaciones o logros visibles , sino que han sobrevivido en la actividad y en la motivación de sus discípulos y colaboradores.
Además de investigador de la genética y contrariamente a la primera impresión superficial de quien lo tratara, tenía un destacado sentido práctico de la agronomía. Por eso sus investigaciones siempre nacían de algún problema muy real y las enmarcaba dentro de las exigencias del campo.
Estaba alejado de su manera de ser el atropellar a alguien. Era respetuoso de las personas y de las opiniones y fue un combatiente tenaz de la mentira. Apreciaba sobremanera el aporte de alguien que trabajara y cumpliera. Tenía un destacado sentido del humor, que lo llevaba a captar con gran agudeza los aspectos cómicos de las situaciones.
Tenía profunda preparación científica con amplia formación humanística, las cuales le permitían expresarse y escribir con una claridad ejemplar, habilidad que demostró en forma destacada en su labor de profesor y también cuando tuvo a su cargo la edición de la Revista Agronomía Tropical. A ésta dedicó desde su comienzo, en forma callada y anónima, largas horas de trabajo modesto y altruista.
La medalla agrícola de la OEA, la presidencia de la Asociación Latinoamericana de Fitotecnia; el nombre de la promoción de Ingenieros Agrónomos del año; la orden "Francisco de Miranda" 1974, fueron algunos reconocimientos públicos de sus méritos.
Esos reconocimientos premiaron una labor científica y educativa cuyas huellas han de perdurar, más allá de esta generación, tanto en Venezuela, su segunda patria, como en la República Argentina donde había nacido y trabajado hasta 1947.
Adiós Ingeniero. Sit tibi terra levis.